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El papel, para hacer pajaritas

Es un hecho palpable que la vida moderna precisa cada vez de menos papel. Pensemos en nuestro trabajo diario; seguro que cada vez utilizamos menos la impresora o manejamos menos documentos en papel. La digitalización avanza de manera implacable, para desesperación de los amantes del papel y para beneficio de los bosques del planeta.

Sin embargo, existe un ámbito en el que el papel no deja de crecer: el mercado del oro. ¿Qué tiene que ver el oro con el papel? Más de lo que se piensa. La mayoría de las inversiones relacionadas con el oro no se realizan sobre lingotes y monedas (lo que se ha dado en llamar, de forma redundante, el “oro físico”), sino en productos derivados que tienen como subyacente o referencia el oro, como los futuros o ETF. Eso es lo que se denomina “oro papel”, por oposición al “oro físico”.

El problema es que el mercado en torno al “oro papel” se ha multiplicado de manera exponencial: entre el 75 y el 80% del “oro papel” no está respaldado en realidad por “oro físico”. Y el problema es que quienes negocian con él están dando nuevas vueltas de tuerca para exprimir a los clientes. Un ejemplo: Comex, la principal bolsa de futuros de metales del mundo, lanza en estos días un nuevo contrato de futuros de oro, con el que da a entender a los compradores que están adquiriendo “oro físico”. Pero no es así: es tan sólo un derecho teórico a ese oro, que no existe como tal; es un apunte contable, “derechos” sobre nada.

Que se lo pregunten si no al presidente del Bundesbank, que lleva meses teniendo pesadillas con el “oro físico”. Como ha denunciado Peter Boehringer, fundador de la Sociedad Alemana de Metales Preciosos, el ‘lobby’ que ha impulsado la campaña a favor de la repatriación de las reservas de oro alemanas, la Reserva Federal estadounidense no tenía los lingotes supuestamente depositados por Alemania, sino tan sólo “derechos sobre el oro”.

Un mercado, el del “oro papel” que, por otra parte, está sujeto a los vaivenes del precio y, peor aún, de la manipulación por parte de los grandes operadores. Sólo hay que ver los cargos presentados contra el Deutsche Bank por su participación en la manipulación de los precios del oro. O las medidas adoptadas por la Shanghai Gold Exchange (SGE) para reducir el tamaño de las transacciones y “limitar la influencia de los inversores institucionales en el movimiento de los precios”. Da miedo…

Por eso, no es de extrañar que desde el triunfo de Donald Trump en las elecciones a la Presidencia de los Estados Unidos exista una corriente cada vez más importante a favor del “oro físico” e, incluso, de la restitución del patrón oro. Importantes personalidades de la nueva administración Trump se han mostrado muy favorables al oro, que consideran un refugio seguro frente a los vaivenes de los mercados.

Frente a estas “pajaritas de papel”, la inversión en “oro físico” es segura y, sobre todo, palpable. Los lingotes en los que invierten los clientes no sólo existen, sino que están identificados de forma individual, con su número de serie y todas las certificaciones en orden a disposición de los inversores que quieran asegurarse de que es así. Y los precios no están sujetos a las presiones de los principales operadores en el mercado, sino a variables tan razonables como la oferta, la demanda y el volumen de metal extraído de las minas. Nada más y nada menos.

Por eso, si piensa en invertir en oro, no se deje engañar ni atienda los cantos de sirena que tratarán de colocarle ETF u otros “papelitos”. Porque, por mucho que le insistan, el papel no brilla. De hecho, el papel es mejor para hacer pajaritas que para invertir…